He de confesar que hoy me dieron ganas de escribir de la nada. No se ni para qué ni por qué. Creo que todos tenemos días malos y buenos y por supuesto diferentes razones para hacer lo que hacemos.
El mundo es divertido.
He de confesar que mi vida hasta el momento es muy buena, con sus altos y no tan altos. Es curioso, últimamente he cerrado tantos ciclos en mi vida que por momentos me quedé sin cosas en que pensar (justo y necesario). Por dicha la ley de la vida dice que cuando una puerta se cierra otra se abre, o al menos en teoría.
He de confesar que como todo buen ingeniero siempre trato de dar la mejor solución en el menor tiempo posible y aprendí que eso no es aplicable para todos los aspectos de la vida. Antes no podía ser muy paciente en casi todo... Ahora soy todo lo contrario.
No sé si es normal o no, pero he de confesar que me pasa con frecuencia el querer tener toda mi vida resuelta en este momento... haber conocido a la muchacha de la sombrilla amarilla, haber conocido donde trabajaré, donde viviré o cómo viviré, cuántas personas que conozco en este momento serán amigos, enemigos, allegados, vecinos, padrinos, papás, mamás, esposos o esposas... Es decir, mi vida resuelta.
¿Y para qué? ¿Qué hago yo sabiendo todo eso?
He de confesar mi serie favorita. Tengo que decir que no es mi favorita por la extraña y ridícula identificación que existe entre los personajes y mi vida cotidiana (yo, el que busca lo difícil de encontrar en alguien que no lo tiene, mis mejores amigos que lo encontraron desde el colegio y mis otros mejores amigos representados por personajes igualmente extrovertidos). La serie me gusta por como es contada: desde el futuro.
He de confesar que me gusta ver a Ted, sentado en el sillón de la casa con toda la vida resuelta, contando todas las historias que vivió para poder estar ahí, las historias que le dejaron enseñanzas de por vida, historias que lo prepararon para ser quien es. La serie me gusta porque esas historias son contadas en nuestro tiempo, en nuestro presente. La serie me gusta porque me recuerda que lo que estoy viviendo en este momento serán mis historias que contaré algún día y serán las historias que me definan a mí y formen mi futuro. Tal vez todavía no conozca la muchacha de la sombrilla amarilla o tal vez ya la conocí y la invite a salir el viernes.
He de confesar que si me pusieran a escoger entre adelantarme en el futuro y saber lo que me espera yo no lo haría. No tendría gracia ni equivocarse ni acertar, ni reír o quedarse serio, ni estudiar ni trabajar. ¿Y si veo algo que no me gusta? ¿Y si me decepciono de quién seré en el futuro?
He de confesar que trataré de no tener toda mi vida resuelta en este momento por el simple hecho de que quiero vivirla, ojalá haciendo lo que me gusta todos los días. Esas serán mis historias, las que yo cuente desde el sillón de mi casa... algún día.
El mundo es divertido.
He de confesar que mi vida hasta el momento es muy buena, con sus altos y no tan altos. Es curioso, últimamente he cerrado tantos ciclos en mi vida que por momentos me quedé sin cosas en que pensar (justo y necesario). Por dicha la ley de la vida dice que cuando una puerta se cierra otra se abre, o al menos en teoría.
He de confesar que como todo buen ingeniero siempre trato de dar la mejor solución en el menor tiempo posible y aprendí que eso no es aplicable para todos los aspectos de la vida. Antes no podía ser muy paciente en casi todo... Ahora soy todo lo contrario.
No sé si es normal o no, pero he de confesar que me pasa con frecuencia el querer tener toda mi vida resuelta en este momento... haber conocido a la muchacha de la sombrilla amarilla, haber conocido donde trabajaré, donde viviré o cómo viviré, cuántas personas que conozco en este momento serán amigos, enemigos, allegados, vecinos, padrinos, papás, mamás, esposos o esposas... Es decir, mi vida resuelta.
¿Y para qué? ¿Qué hago yo sabiendo todo eso?
He de confesar mi serie favorita. Tengo que decir que no es mi favorita por la extraña y ridícula identificación que existe entre los personajes y mi vida cotidiana (yo, el que busca lo difícil de encontrar en alguien que no lo tiene, mis mejores amigos que lo encontraron desde el colegio y mis otros mejores amigos representados por personajes igualmente extrovertidos). La serie me gusta por como es contada: desde el futuro.
He de confesar que me gusta ver a Ted, sentado en el sillón de la casa con toda la vida resuelta, contando todas las historias que vivió para poder estar ahí, las historias que le dejaron enseñanzas de por vida, historias que lo prepararon para ser quien es. La serie me gusta porque esas historias son contadas en nuestro tiempo, en nuestro presente. La serie me gusta porque me recuerda que lo que estoy viviendo en este momento serán mis historias que contaré algún día y serán las historias que me definan a mí y formen mi futuro. Tal vez todavía no conozca la muchacha de la sombrilla amarilla o tal vez ya la conocí y la invite a salir el viernes.
He de confesar que si me pusieran a escoger entre adelantarme en el futuro y saber lo que me espera yo no lo haría. No tendría gracia ni equivocarse ni acertar, ni reír o quedarse serio, ni estudiar ni trabajar. ¿Y si veo algo que no me gusta? ¿Y si me decepciono de quién seré en el futuro?
He de confesar que trataré de no tener toda mi vida resuelta en este momento por el simple hecho de que quiero vivirla, ojalá haciendo lo que me gusta todos los días. Esas serán mis historias, las que yo cuente desde el sillón de mi casa... algún día.